Por que también es muy importante practicar la voz y la pronunciación de la lengua inglesa.
Blog de literatura. "No te preocupes por ser mejor que tus contemporáneos o predecesores. Intenta ser mejor que tú mismo." (William Faulkner)
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miércoles, 3 de octubre de 2012
Y la muerte... no tendrá señorío
Por que también es muy importante practicar la voz y la pronunciación de la lengua inglesa.
martes, 2 de octubre de 2012
El albardero de Casarrubia
Por
Jordi Rodríguez Serras.
(Relato de Las Hurdes)
Fue
un día como cualquier otro; un hecho tan singular como aislado. Un
señor hablaba raro a tres generaciones unidas en travesía bajo el
cielo abrasador de Castilla y Extremadura, la parte más ignota del
reino y de una comunidad de verdor ceniza. Esta historia carece de
ficción, y
aunque en ocasiones pueda parecer real, tampoco lo es; pero no es mi
deseo contrariar mi propia mente con vagos recuerdos de vaho y
sombras, por que, de hecho, la situación referida ocurrió de
verdad. Sonrisas.
I
Y entonces caí en que debía recoger la cámara y llevármela
conmigo. Ya me encontraba fuera de casa,
en la entrada, esperando a
mi padre y al abuelo a que terminaran su fastuso desayuno
hipercalórico consistente en dos platos de chorizos fritados en
sartén, con un par de huevos rotos de repaso por el aceite,
elementos equitativamente desordenados en los platos de cada cual.
En aquel momento mi ego me dijo que el pobre albardero al que había
que visitar, tendría que esperar la entrega de su noble trabajo al
cliente. Cabe decir que no era tan tarde, tampoco la mañana era muy
obstinada en dejarse ver por los incautos que aún dormían en sus
camas.
Ocho y media de la mañana, y en Asegur parecía que por la calle no
pasaría un ánima.
Ni siquiera un triste gato roñoso. El sol aun no tenía fuerza
suficiente para ajusticiar la riera y las cigarras y los
trasnochadores inapetentes de sueño fingido como yo.
Y entonces caí en que recogería la cámara y me la llevaría
conmigo; dicho esto a mis adentros,
di media vuelta en el aire plantado en el suelo y entré en la casa
por enésima vez seguida durante el poco tiempo que llevaba el día. Me caí de bruces al cruzar el
primer escalón.
Pasaba a duras penas junto a la cocina, ''maltrecho'', adolorido,
guasón. Me encaminé hacia los
dormitorios del piso de arriba, por la escalera estrecha con sumo
tiento. Al llegar a la cima, di habida cuenta que la mayoría de los
inquilinos todavía dormitaban escalfados en sus camitas sin temor a la canícula del exterior que se avecinaba lenta e iba
presentándose mientras la aurora matinal ya parecía pretérita.
Entré en la alcoba vacía de mis padres y cogí la deseada cámara
fotográfica. Me fui pitando aires con miedo de despertar a los
primos, aunque me importaba un rábano soberano despertarlos o no.
Finalmente me quedé clavado en mitad del pasillo con tal de no volver a subir. Al poco, bajé las escaleras.
II
Entonces, el agradable trío se sumió enteramente en su particular
viaje de media hora de ida y media hora
de vuelta. El joven llevaba en la mano izquierda, ávida de tomarlo todo, un bloc decrépito al que solamente
le quedaban poco más de veinte páginas en blanco, mal contadas. Se atrevía a anotarlo todo, aun a pesar
de molestarse a sí mismo; pequeñas cuartetas que ningún ojo ajeno veía, frases ingeniosas que dejaba
ir de vez en cuando -aunque carentes del ingenio propio de los artistas- y, de hecho, su producción más penosa y putrefacta: poemas de pelo y hojas, vidrio, fuego y arena. Se aposentaba en los asientos de atrás porque no le quedaba otra; a sus diecinueve años no tenía nada que hacer ante el asombroso jaque del abuelo, con sus setenta y pocos años eternos, pues aquel de mayor rango y edad tenía el derecho de acompañar
al conductor, siempre sereno y parco en palabras -con la mirada fija en la carretera salvo por algún cruce esporádico de musas, doncellas o ginetas las cuales hacía años que ya no habitaban por lides semejantes-.
de vuelta. El joven llevaba en la mano izquierda, ávida de tomarlo todo, un bloc decrépito al que solamente
le quedaban poco más de veinte páginas en blanco, mal contadas. Se atrevía a anotarlo todo, aun a pesar
de molestarse a sí mismo; pequeñas cuartetas que ningún ojo ajeno veía, frases ingeniosas que dejaba
ir de vez en cuando -aunque carentes del ingenio propio de los artistas- y, de hecho, su producción más penosa y putrefacta: poemas de pelo y hojas, vidrio, fuego y arena. Se aposentaba en los asientos de atrás porque no le quedaba otra; a sus diecinueve años no tenía nada que hacer ante el asombroso jaque del abuelo, con sus setenta y pocos años eternos, pues aquel de mayor rango y edad tenía el derecho de acompañar
al conductor, siempre sereno y parco en palabras -con la mirada fija en la carretera salvo por algún cruce esporádico de musas, doncellas o ginetas las cuales hacía años que ya no habitaban por lides semejantes-.
Pues, Severiano ''el Parco'' y Serafín ''el Mozo'' reinaron el
trayecto con chotis verbales que suelen caracterizar las relaciones entre padre e hijo durante las
vicisitudes propias de la vida adulta.
El sol mordía incluso dentro del vehículo, y sus habitantes
sobrevivían a sus lamentos con cada derrape en unas carreteras tan
sinuosas que promocionaban el despeño nacional.
-Joder, que calorín pega...- Pasa a toda velocidad una cruz negra
fija en un lado de la vía. Severiano ve a tiempo la doncella.-
¿Habéis visto eso, lo habéis visto? Jooo, tíoo, alguién ha
muerto ahí, qué lástima-. Se silencia
el clima.
el clima.
-Mal hecho.-Corresponde don Serafín.
III
Vislumbramos Casarrubia no muy lejano, apenas se diferenciaban quince
o veinte minutos ir del
pueblo
hacia allí. Todavía dentro del negro armatoste de hierro, me
vinieron a la mente unos ''versos'' de Dylan Thomas, pero como por
aquel entonces no me acordaba de ellos de una manera muy lúcida, hoy
los tengo bien presentes:
Y la muerte no tendrá señorío.
And death shall have no dominion.
Dicho esto, cierro el blog de notas, lo guardo cuidadosamente en
uno de los bolsillos derechos de mis pantalones tejanos y palpo la
buchaca izquierda para cerciorarme que llevo el móvil ahí, a salvo.
Tiento con los pies las rocas recubiertas de líquen. Y me tiro al
agua.
IV
Normalmente un cuarto de trayecto se pasa rápido e indoloro, a veces
ha de pasar una leve ''aeternitas'' para llegar al destino, cuanto
más corto más largo. Sea.
-¿Quién eres?-. Pregunta ''El Niño''.
-Nadie.- Responde el extraño.-Humo de parrilla y luz de luna...
¡Cállese ya, Buñuel!
¡Cállese ya, Buñuel!
V
Una señora mayor barría descuidadosamente el suelo del portal de su
diminuta casa mientras mi
padre buscaba aparcamiento en la plaza; el abuelo y yo nos tomamos la
licencia de bajar antes.
Era una plaza patética y simple, en el buen sentido de las palabras;
tallada en piedra y gravada en el suelo por el propio peso de las
montañas roncas. Casarrubia era una aldeíta de pizarra atrapada en
un bucle temporal. Parecía no poder discernir entre antiguos albores
cenicientos y la modernidad propia de los pueblos medianamente
informatizados. Pero tenía cierto encanto; sobretodo la fuente erguida y aislada, al lado del tanatorio municipal. Igualmente lítica,
presentaba un corte profundo en la sien, del cual emanaban aguas
límpidas. En cuanto observé aquella fuente, me pareció hallar una ninfa entre filamentos de agua, jugueteando con el viento y éste esparciéndola por mi nariz. Ese
agua me llamaba a mí, tal vez por la sed causada por Apolo -o por las lecturas de Homero.-, y me dirigí a ella, la fuente, para
que me saciara. Papá ya había salido del coche e iba acercándose
con su imponente bolso rojo de Ferrari.
-Espera, yayo, voy a beber un poco-. Dije con la poca inocencia
adolescentil que me quedaba..
-¡No bebas de esa, nieto, que está mala!- Respondía.
Centré mi atención en lavarme las manos.
VI
Siempre que paseo por callejuelas y calles medio concurridas y me
encuentro con humanos
-¡Ah, qué horror!- éstos me miran con pavor,
como si vieran un monstruo de la naturaleza o un dios.
Tal vez porque voy en compañía de dos personas corrientes.
(...)
El señor me miraba con gesto de incomprensión, era obvio que no
creyese en lo que veían sus ojos
escépticos. Esa figura antropomórfica se iba alejando
progresivamente de él, y, finalmente, suspiró
de alivio al comprender que estaba a salvo y que buenas personas, Caballeros Sin Nombre, se llevaban
de alivio al comprender que estaba a salvo y que buenas personas, Caballeros Sin Nombre, se llevaban
al dragón pequeñajo que lanzaba pantallas de luz de su mirada
impetuosa calle abajo. Me dí cuenta que
por el pueblo pasaba también un riachuelo debajo de un puente, como en Asegur, aunque más delgado
por el pueblo pasaba también un riachuelo debajo de un puente, como en Asegur, aunque más delgado
y verde, y le disparé unas cuantas
fotos.
VII
Me
estaban picando tres mosquitos y una abeja, casi al unísono. Usaban
mis brazos como si se
trataran
de una orquesta epidaura y pudieran tocarla en coro sus punzantes
agujas. Mi respeto por
la
vida se desvaneció en un instante; con solo un movimiento de brazo
¡¡PAFF!! masacré a los
artistas
incrustándolos en la pared. Habíamos llegado a la
casa-establecimiento del albardero.
Mi
abuelo entornaba los ojos para así advertir intimamente el bullicio
interior del habitaje. Se
acercó
a la entrada con el pecho por delante, asemejándose a un tordo, y,
dibujando una palabra
con
el dedo índice en el aire:
-¡Anastasio,
sal pa'que te vea!-. Propuso con recia voz.
Silencio.
Nadie de dentro salía al exterior a recibirnos. Entre el silencio y
la brisa, un gato gris que
vagabundeaba sin rumbo junto a nuestro lado despidió un viento
estomacal. Silencio otra vez.
Así
hasta que esperamos cinco minutos. Al sexto empezaron a oirse rumores
dentro de la casa que, por
cierto, era de madera, y como tal, las maderas de lo que parecía el
destartalado piso de arriba crujían y recrujían igual que sonaba un tálamo conyugal.
Tuvieron que pasar varios minutos, los cuales ninguno de los presentes contó. Llegué a pensar que no comería en casa, con la familia, y que no degustaría por segunda, tercera o cuarta vez aquel delicioso platillo de puré de verdura, pero en el fondo, algo muy profundo en mí sabía que toda ésa pantomima en la que estábamos abocados a seguir era cuestión de minutos...
Tuvieron que pasar varios minutos, los cuales ninguno de los presentes contó. Llegué a pensar que no comería en casa, con la familia, y que no degustaría por segunda, tercera o cuarta vez aquel delicioso platillo de puré de verdura, pero en el fondo, algo muy profundo en mí sabía que toda ésa pantomima en la que estábamos abocados a seguir era cuestión de minutos...
Otro silencio. Un soplo parecía expelerse. Por fín había terminado. Mi padre se secaba la corona
de una ínfima gota de sudor
y suspiró. El calor empezaba a trastocarnos los sentidos, mientras mi cabello
ya se aclaraba por el sol.
ya se aclaraba por el sol.
La puerta se abrió con renuencia. De ella salió una mujer cana,
abrigada con prisas.
-¿Qué querís?-. Dijo con voz desconfiada y temerosa.
-Buen día, mujer, ¿está su señor ahí? Dígale que salga, que
tenemos que departir-. Pidió el abuelo.
Aquella mujer gachó los ojos y asintió. Entró sin decir palabra.
Al poco ya veíamos al ''señor'',
por el resquicio de la puerta entrecerrada, con su cuerpo embutido en
vitola. Salió. Iba descalzo, con un pañuelo fino cubriéndole la
testa. Andaba sucio y estaba demacrado por el sol, frutos de largos
momentos en el campo, pero presentaba aún una sonrisa denticular que
quizá mantuviera de sus años dorados de mozo.
-¡Hombe, Serafín, cuantu'tiempu!-. Dijo sonriente Anastasio, que ya
le daba una palmadita en el hombro
al abuelo.
-Sí, un tiempo largo. Oye, he venido a buscar la albarda pa'el
borrego mío, el nuevo, ¿la preparaste?
-¿Eh?-. Era medio sordo, por lo visto.
-¡Digo que si tienes lista la albarda!-. El abuelo alzó la voz unos
decibelios para que hacerse
entender.- Te la pedí hace ya más de dos meses.
-¡Oh, l'albada, sí, la tengo aquí, ¿pa' quien és?
-Para el borrico, quién va ser-. El abuelo nos miró a mi padre y a
mí con una risita de comprensión,
entre dientes, para con ese hombre.
La mujer, de la cual no conozco el nombre, se sentó al pie de una
escalera cercana, en la misma calle. Iba también descalza, con los
pies ennegrecidos y me llamó
la atención por cómo se los fregaba
con la extensión de la bata.
El abuelo y el albardero continuaban platicando y regateando sobre el
precio de la montura, la cual aún
no habíamos visto. Refunfuñando
como un gato iracundo, el artesano cedió a buscar la albarda en un
establo aledaño a la vivienda. Fue bastante rápido y fuerte pese a
la edad que aparentaba al transportar su artesanía con toda clase de
brío. Al fin vimos la silla y al verla me pareció escuchar la coletilla maestra de mi padre:
-¿Qué es eso?-. Sorprendido, no para bien, con aire incrédulo.-
Dios mío...
Y entonces la miré celosamente, cada parte de esa cosa a la
distancia. Ibamos a pagar más de
cincuenta euros por eso. Al abuelo
no le pareció que le hiciera mucha gracia y murmuró algo a su
viejo amigo por lo bajini. Y entonces el albardero abrió los ojos
como naranjas y clamó al cielo:
-¡Me cagüendió, Serafín, m'estás engañando!
Publicado en: Lapiedraquehoradalalluvia.blogspot.com.es
el 2 de Octubre de 2012.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
| Fotografía cedida por: Frinis. Casarrubia, 14/8/2012. |
jueves, 27 de septiembre de 2012
Vide cor meum - Patrick Cassidy (y Dante)
En otra de mis búsquedas ''yutuberas'' me encontré con esta preciosidad; Vide cor meum (''Mira mi corazón'' en latín) se trata de una hermosa composición del compositor irlandés Patrick Cassidy (1956-~). Es una aria basada en un poema de Dante Alighieri, A ciascun'alma presa e gentil core, de la misma opera prima del poeta, La Vita Nova. Deliciosa, por cierto. Trenta y un sonetos para perderse en la noche y encontrarse con el alma. Lo curioso de esta aria tan inmensa es que ha aparecido en el Séptimo Arte en dos ocasiones: la primera vez fue en Hannibal (2001) y la segunda en el filme pseudohistórico El Reino de los Cielos (2005).
martes, 25 de septiembre de 2012
Sólo bajo tus pies se veía la noche.
El poeta al ego...
Sólo bajo tus pies
se veía la noche.
Sólo bajo tus manos
veía mi alma.
Sólo bajo tus venas
veía mis venas.
Sólo de mi boca
supiste que tenías un hermano,
pero no lo pudiste
ver. Ahora que no estás sola lo ves.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
| Mujer joven contemplando dos niños abrazándose, W.A. Bouguereau (1861) |
viernes, 21 de septiembre de 2012
Postrer crónica de verano... El vínculo dorado
A mis primos Ana y David.
Un
lloro, un abrazo,
un
beso y un consuelo.
Un
vínculo dorado. Risueño.
Un
lazo que sabe a sangre
joven
y húmeda por la noche.
Una
despedida cerca de ser
ignorada, una mano que la alcanza.
Un verso presto a ser
dormido, junto a las higueras.
La undécima ilusión se vierte en la tez.
Asegur
(Las Hurdes), 26-8-2012.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
![]() |
| A la mañana siguiente, cielo, tul de encanto... |
miércoles, 19 de septiembre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
La sonrisa sin gato
Versos oscuros,
tiempo oscuro,
situaciones
absurdas...
la culpa la tiene el
gato.
Un gato negro y
maléfico.
Mira como ríe el
gato famélico.
Ampliando su sonrisa, al pasar
la joven de Alicia,
el Gato de Cheshire.
14 de setiembre, 2012.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
sábado, 15 de septiembre de 2012
''Pastanagues'' por entradas
La crisis está en todas partes. Nada nuevo bajo el sol. Todos sabemos que la recién estrenada subida del IVA agudiza el tono fullero de la situación económica, especialmente en el ámbito cultural. ¡Es de vergüenza
nacional que suba el IVA del 8 al 21 % incluso para los espectaculos! No me gusta ser crítico, puesto que la cosa está muy roja, fría y ambivalente, pero yo no lo puedo evitar. Parece que la cultura está pasando por otra gran turbulencia, ayuda pensar que siempre habrá una cúpula dorada ante tanta lobreguez...
Mas en estos tiempos tan convulsos -que ya empiezan a asemejarse a un bucle temporal (recordemos que la historia se repite más que las aceitunas)- aflora la picaresca y benevolencia entre iguales del sector. Aire freco entre tanto humo... Un caso de esta índole ocurre en el teatro municipal de Bescanó (Girona); en clara protesta por la subida del IVA, la entidad ha hecho saber que para la programación de otoño
NO VENDERÁN SINO ZANAHORIAS EN VEZ DE ENTRADAS (intuyo que por tiempo limitado).
¡Compre ya su zanahoria por trece o quince euros y le ''regalamos'' una entrada!
Enlace web a la entidad: http://www.teatrebescano.cat/index.php
Conoce un poco más notícia! : http://www.lavanguardia.com/local/girona/20120913/54350167025/bescano-girona-zanahorias-en-lugar-de-entradas-teatro.html
| Tiempos de carlotas. foto extraída de: La Vanguardia. |
jueves, 13 de septiembre de 2012
Retrospectiva
Me
miré al beber la hierba negra
del
daguerrotipo arrancado a tientas,
deshaciéndose
en múltiples grietas
como
una boca intempestiva
que
no para quieta.
Me
encerré en mi habitación,
y
a lo largo de lánguidas horas
mis
versos se condensaron
como
cuaja el apio junto al río.
Y
cuando leí el fruto de mi meollo,
unas
pocas estrofas de imponente retoño,
de
mí se apoderó una vaga sensación
de
orgullo y bienestar.
Mis
males se fueron para dejar sitio
a
otros fuegos.
Hostalric, noviembre/diciembre de 2011.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
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Nota: Creo recordar que estos versos fueron concebidos a finales del año pasado, o puede que un pelín antes, tal vez por noviembre... bueno, tanto da. Hummm, tengo la certeza que, con el tiempo, he ido escribiendo menos poemas (en todo lo que llevo de 2012 mi colección no supera las veinte páginas) pero en contraste al menos son más depurados (y agradables a la vista).
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Lorca, la serie de televisión basada en la vida del poeta.
Hasta hace pocos días -semanas- en La 2 de Televisión Española se ha vuelto a emitir aquella hermosa serie (de 1987) basada en la vida del hermoso y trágico poeta granadino Federico García Lorca (1898-1936), en la que invita al espectador a conocer un Lorca cercano, que ama y sufre por amor, que escribe versos más para sus amigos que para darse a conocer publicándolos, un Lorca sereno con la mente repleta de coplillas y mariposas, de su más cándida infancia al funesto pelotón de fusilamiento.
Majestuosa la interpretación del británico Nickolas Grace, aunque un pelín sobreactuada en algunas escenas, todo hay que decirlo, como, para dar un ejemplo: la manera de comportarse de su personaje; el mismísimo Federico se nos muestra como muy amanerado -o más bien parece demasiado sensible- cuando en realidad (no la realidad como vemos en la ficción) tenía un carácter y ademanes bastante resueltos.
-Conjunto de enlaces a RTVE.ES, para ver el primer capítulo, Impresiones y paisajes (1903-1918):
http://www.rtve.es/alacarta/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/lorca-muerte-poeta-impresiones-paisajes-1903-1918/1513920/
-Segundo capítulo: La residencia (1918-1923):
http://www.rtve.es/alacarta/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/lorca-muerte-poeta-residencia-1918-1923/1513924/
-Tercer capítulo: El amor oscuro (1925-1928):
http://www.rtve.es/alacarta/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/lorca-muerte-poeta-amor-oscuro-1925-1928/1518737/
-Cuarto capítulo: El llanto (1929-1935):
http://www.rtve.es/alacarta/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/lorca-muerte-poeta-llanto-1929-1935/1518740/
-Quinto capítulo: Una guerra cívil (1935-1936):
http://www.rtve.es/alacarta/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/lorca-muerte-poeta-guerra-civil-1935-1936/1523732/
-Sexto y último capítulo de la serie: La muerte (1936):
http://www.rtve.es/alacarta/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/lorca-muerte-poeta-muerte-1936/1523748/
lunes, 10 de septiembre de 2012
Més vida que mai
A les hortes s'hi
sent més vida que mai; insectes
que porten en el seu
si l'esperma de la tardor,
senglars que roden i
roden el nas pel subsòl,
gats que s'alliberen
de llurs cadenes minvants
i moren esclafats i
erts.
A les hortes s'hi
veu més vida que mai;
moros, negres i
cristians pispen a l'hortolà,
encara que ningú ho
entengui.
Encara que ningú ho
entengui, la riera
ja no fa córrer el
capvespre i tampoc rega
les poques plantes
que queden a l'abast.
A l'atziaga conca s'hi
gita l'humus.
Hostalric, 6-9-2012
Text de Jordi Rodríguez Serras.
---------------------------------------------
Sembla ser que la situació econòmica s'està agreujant massa, car durant la meva estada a Las Hurdes, a Hostalric hi va ocòrrer un seguit de robatoris en els horts propers a la riera. El meu avi, quan ja vaig tornar a casa, em va demanar que escrigués un poema en el que fes menció d'aquest episodi tan lamentable. Doncs, aquí està!
--------------------------------------------
Text de Jordi Rodríguez Serras.
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Sembla ser que la situació econòmica s'està agreujant massa, car durant la meva estada a Las Hurdes, a Hostalric hi va ocòrrer un seguit de robatoris en els horts propers a la riera. El meu avi, quan ja vaig tornar a casa, em va demanar que escrigués un poema en el que fes menció d'aquest episodi tan lamentable. Doncs, aquí està!
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sábado, 8 de septiembre de 2012
Proximamente... en La piedra que horada la lluvia.
He decidido que publicaré, al fin, un relato (como mínimo) referente a un personajillo entrañable que me encontré durante mi estancia en Las Hurdes. Escribí sobre ese hombre, El albardero de Casarrubia. Sólo hay que revisar los más que posibles gazapos ortográficos del escrito...
¡Así que está dicho, a finales de este mes, si tengo el tiempo a mi favor habrá un relato en este humilde blog!
jueves, 6 de septiembre de 2012
'Pseudohaiku' de agosto (Philos)
Caperucita roja, ¿no te veremos más?
~Evaristo Carriego~ (1883-1912)
Niña bonita crece
todos los días.
Pronto
la amarán.
Asegur (Las Hurdes), 25-8-2012.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
viernes, 31 de agosto de 2012
'Pseudohaiku' de agosto (Empatheia)
Reír con los que ríen y llorar con los que lloran.
~Pablo de Tarso~
Jaca
herida,
resuenan
torrentes.
Dadle consuelo.
Asegur (Las Hurdes), 19 de agosto, 2012.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
martes, 28 de agosto de 2012
Entre árboles (poema escrito en Las Hurdes)
Hay gente, hay gente
en los pueblos de España.
Gente que duerme y trasnocha; gente
que saluda y no nos oye;
gente que escucha repicar los troncos,
entes de entre las rías,
y sienten que los llaman a deshoras.
Gente que ríe, gente
que nunca llora.
Y aun así habla poco,
pues es de oro el silencio...
Pero la voz violentada, entre sauces,
desenmascara las sombras
de aquello que creímos callado:
Quien calle el amor descubrirá el olvido
entre los muertos.
Asegur, 16-8-2012.
Texto de Jordi Rodríguez Serras.
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Ayer retorné a casa después de dos semanas felices y maravillosas de veraneo con la familia en Las Hurdes (una comarca situada en el Norte de Extremadura). Me fui el domingo 12 con mis padres y un primo hacia la tierra prometida, gravemente azotada por los fuegos, donde nos esperaban los abuelos y dos primos hermanos más. ¡Qué buen verano se puede llegar a pasar con la familia, y con diecinueve años me doy cuenta de ello!
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